Subes el precio de tres platos. La cartelera impresa, que costó lo que costó, queda mintiendo. Y como mandar a reimprimir vale plata y tiempo, la dejas una semana más. Y otra.
Eso es lo que resuelve un menú en pantalla. No es modernidad: es dejar de pagar por cambiar un número.

Qué hace falta, en concreto
Menos de lo que parece. Son tres cosas:
- Un televisor. Sirve uno normal; no hace falta uno «comercial» salvo que vaya a estar encendido dieciséis horas al día, que es cuando sí conviene mirarlo.
- Algo que lo haga abrir una dirección web. Un televisor con navegador, o cualquier aparato pequeño conectado por HDMI que arranque solo y abra una página.
- Una dirección donde viva el contenido, que es lo que tú actualizas.
Aquí no ponemos precios: los televisores y los reproductores cambian de precio cada mes y según la ciudad, y una cifra vieja en un artículo sobre costos es peor que ninguna. Pide dos cotizaciones.
La parte que todo el mundo subestima
No es la pantalla. Es que arranque sola.
Se va la luz un martes a las seis de la tarde. Vuelve a los diez minutos. Si el aparato se queda en la pantalla de inicio esperando que alguien agarre un control, tu menú está apagado el resto del día —y en plena hora pico—.
Por eso la pregunta que hay que hacerle a quien te lo monte no es «¿se ve bien?», sino «¿qué pasa cuando se va la luz?». La respuesta correcta es: vuelve solo.
Cinco errores que hacen que nadie lo lea
- Letra de computador. Un menú se lee a dos o tres metros, de pie y con fila detrás. Lo que en el monitor parece grande, allá no se lee.
- Meterlo todo. Cuarenta platos en una pantalla no es un menú, es una pared. Cabe menos de lo que crees: reparte en varias pantallas o en varias vistas.
- Que cambie rápido. Si rota cada cinco segundos, quien iba por la mitad se queda sin terminar y se rinde.
- Fotos malas. Una foto mala de un plato vende menos que no poner foto. En una pantalla grande se nota el triple.
- El reflejo. Una pantalla brillante frente a una ventana no se ve entre las once y las dos. Míralo a esa hora, no al anochecer cuando la instalaste.
No solo el menú
Una vez montado, la pantalla es espacio tuyo todos los días. Lo que más rinde no suele ser la carta:
- La promoción de hoy, puesta en la mañana.
- El QR para que te dejen reseña en Google mientras esperan.
- Lo que se acabó, para no repetirlo quince veces.
- Tus redes, donde la gente sí está mirando.
Es el único medio donde tu público ya está dentro del local y con la billetera en la mano.
Cómo está resuelto en la Suite
El módulo de Pantallas de SM Suite le da una dirección corta a cada pantalla. Esa es la que abre el televisor, y no se vuelve a tocar.
Lo que cambias es el contenido, desde el computador o el celular. Y como cada pantalla tiene la suya, la de la caja puede mostrar algo distinto a la del salón sin montar nada aparte.
Si llevas meses sin cambiar la cartelera porque reimprimir cuesta, ese es el costo que estás pagando ya.
Lo que dicen nuestros clientes
Nuestras opiniones están en Google, escritas por clientes reales, en cada ciudad donde trabajamos.










