Una cotización no se pierde por cara. Se pierde porque el cliente no entendió qué estaba comprando y le dio pereza preguntar.
Eso es lo que hay detrás del «déjame revisarlo y te cuento» que nunca vuelve. No es un no: es que la cotización no hizo su trabajo.

Qué tiene que llevar
- Quién eres y a quién le cotizas. Con fecha y un número consecutivo. El número no es burocracia: es cómo los dos sabrán después de cuál de las tres versiones están hablando.
- Qué incluye, desglosado. No «diseño de marca»: qué piezas, cuántas versiones, en qué formatos.
- Qué NO incluye. Esta es la que casi nadie pone y la que evita la mitad de los problemas.
- Cuánto tarda, y desde cuándo cuenta: desde que aprueban, desde que pagan el anticipo o desde que entregan el material.
- El precio, con impuestos claros. Decir si es antes o después de IVA.
- Cómo se paga. Anticipo, saldo, en qué momento.
- Hasta cuándo vale. Quince o treinta días. Sin fecha de vencimiento, te la aprueban en marzo con el precio de enero.
Los tres errores que la dejan en el limbo
Una sola opción. Con un único precio, la decisión del cliente es sí o no, y ante la duda es no. Con tres —una básica, una completa y una con todo—, la decisión pasa a ser cuál. Es la misma venta con otra pregunta.
Todo el peso en el precio. Si la cotización es una línea y una cifra, lo único que el cliente puede comparar es la cifra. Y siempre habrá alguien más barato.
Sin un siguiente paso. «Quedo atento» no es un paso. Un paso es: responde este correo con «aprobado» y empezamos el lunes.
Lo que pasa después de enviarla
Aquí se cae casi todo el mundo. Se manda la cotización y se espera.
Lo que funciona es decidir el seguimiento antes de enviarla: un mensaje a los tres días, otro a los diez, y una conversación a los quince para cerrar o para que te digan que no. Un «no» a los quince días vale mucho más que un «déjame revisarlo» eterno: libera tu tiempo.
Y conviene preguntar algo concreto en lugar de «¿qué me dices?». «¿Te sirve que empecemos la primera semana de junio?» obliga a una respuesta real.
Antes del precio está la tarifa
Nada de esto importa si el número que pusiste te deja trabajando gratis. Si cobras trabajo creativo y no tienes claro por dónde van los precios, en el tarifario freelance están los de referencia y la fórmula para calcular la tuya a partir de tus propios costos.
Cómo está resuelto en la Suite
En SM Suite la cotización sale con el diseño de tu marca y, cuando el cliente la aprueba, se convierte en orden de venta sin que nadie reescriba nada. Si el trabajo es recurrente, queda como suscripción con su próxima fecha de cobro.
El cliente al que le cotizas es el mismo contacto del CRM, así que la cotización vive junto a la conversación que la originó. Y de ahí sale el cobro.
Si hoy armas cada cotización copiando la anterior y cambiando nombres, eso es lo primero que deja de pasar.
Lo que dicen nuestros clientes
Nuestras opiniones están en Google, escritas por clientes reales, en cada ciudad donde trabajamos.










